¡Este es el plan de Salvación¡

Posted: octubre 1, 2008 in La Cruz y la Sangre
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“En aquellos días vino Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea, y diciendo: Arrepentíos ,porque el reino de los cielos se ha acercado. Pues éste es aquel de quien habló el profeta Isaías, cuando dijo: Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, Enderezad sus sendas” (Mat. 3:1-3)

Introducción

Cuando en el último tema visto tratamos el tema del pecado, revisamos lo que sucedió en el jardín del Edén. Hoy quisiera que revisemos un poco más detallado el plan de Dios desde el principio.

Dios, cuando creó al hombre, tenía una cosa en mente: Formar una generación para Dios, que tuviese su carácter, su mente, su forma de pensar, y que lo manifestara en el mundo físico, siempre y cuando este hombre tuviera una estrecha relación con Dios.

“¿No hizo él uno, habiendo en él abundancia de espíritu? ¿Y por qué uno? Porque buscaba una descendencia para Dios. Guardaos, pues, en vuestro espíritu, y no seáis desleales para con la mujer de vuestra juventud.” (Mal 2:15)

El deseo de Dios al crear al ser humano era que su Espíritu se replicará a través de toda la humanidad, para demostrar Su esencia. Es por esto que cuando el hombre y la mujer se unen son un solo espíritu. Unen o funden sus espíritus, para transmitir a su descendencia el Espíritu de Dios que habita en ellos (esto entendiendo que es el hombre regenerado)

Sin embargo, cuando Adán y Eva pecaron, el Espíritu de Dios fue quitado del hombre, y en vez de transmitir el Espíritu divino, comenzó a transmitir el pecado a través de las generaciones. Dios quería que las naciones le sirvieran a El, pero como resultado del pecado, las naciones se pervirtieron, y manifestaron el carácter del pecado, sirviendo a Satanás.

En ninguna de estas cosas os amancillaréis; pues en todas estas cosas se han corrompido las naciones que yo echo de delante de vosotros” (Lev 18:24)

Las naciones son conjuntos de personas con características propias. Cada nación tiene una cultura, una lengua, una idiosincrasia, que no es objeto de la contingencia, sino más bien, hay líneas culturales, que se inician desde los padres de la nación, quienes transmitieron su espíritu pecaminoso y rebelde a su generación.

En la mente de Dios, siempre han estado las naciones de la tierra. No sólo ha estado salvar al ser humano como individuo, sino el quiere salvar a las naciones. El plan de Dios con las naciones de la Tierra lo podemos ver en los inicios, con Abraham, cuando Dios le dice:

Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra” (Gen 12:3)

Cuando Dios le hablaba a Abraham, aunque se trataba sobre Isaac, los ojos de Dios estaban esperando en la descendencia perfecta de Abraham: Jesús.

Abraham engendró a Isaac, Isaac a Jacob, y Jacob a Judá y a sus hermanos.” (Mat 1:2)

Recordemos que Juan el Bautista les dijo a los fariseos

y no penséis decir dentro de vosotros mismos: A Abraham tenemos por padre; porque yo os digo que Dios puede levantar hijos a Abraham aun de estas piedras” (Mat 3:9)

En lo anterior, Dios nos dice que no importa tanto la descendencia física de Abraham, sino más bien la descendencia espiritual que tenemos con el Padre de la Fe.

El plan de Restauración

Cuando Jesús vino a morir por nosotros, era hijo directo de Abraham, como lo vimos en la genealogía de Jesús. Como lo hemos visto anteriormente, Jesús no tenía ningún pecado. El fue perfecto como ser humano en la Tierra. Por el gran amor que el tuvo entregó su vida por cada uno de nosotros, muriendo por nuestros pecados, por nuestras enfermedades y por nuestro dolor. Recordemos que el pecado nos separó de Dios. El pecado fue lo que hizo que Adán y Eva fueran expulsados del jardín del Edén. Ese pecado trajo la muerte espiritual para el hombre, ya que se cortó la conexión con Dios.

Para remediar la situación Jesús, quien no tuvo pecado, tuvo que derramar toda su sangre. La sangre de Cristo borró todo nuestro pecado en el momento en el cual le entregamos nuestro corazón y dejamos que el sea nuestro Señor y Salvador.

En el momento en el que fue removido el pecado de nuestras vidas, pudo venir el Espíritu Santo y se reestableció nuestra comunión con Dios. Dios comienza a quitar de nuestras vidas el pecado y a formar nuestro carácter. Empezamos a experimentar lo sobrenatural de Dios y su misericordia; su poder y autoridad.

Sin embargo, mucha gente se queda en eso solamente. Recibe el amor de Dios, tiene el poder de Dios. Disfruta la sobrenaturalidad de Dios. Pero aún así se siente vacía. Siente que como algo más faltara en su vida. Siente que no está cumpliendo el propósito de su existencia. Como sucede esto, Satanás comienza a engañar diciendo que no ha tenido un encuentro con Dios, y que seguir a Dios es lo más aburrido que puede haber en la vida.

Mucha gente se convierte en cristianos, pero no tienen un propósito. Jesús ya los redimió, los salvó, restauró sus corazones. Oran, interceden, van a la iglesia, tienen experiencias sobrenaturales pero aún así no le hayan sentido.

Debido a esto, existen muchos cristianos que cumplen con todo, pero al no encontrar el sentido de porque son salvos, comienzan a canalizar sus sueños en otras cosas, como los estudios, sueños de tener riquezas, familias, etc. Es necesario recalcar que tener estos sueños no es malo, pero cuando están puestos fuera de los sueños de Dios, son perjudiciales porque terminan apartándonos de Dios.

Todo ser humano necesita un sueño para vivir. Y como no conocemos el sueño de Dios, aunque somos salvos, dedicamos nuestras fuerzas y nuestro tiempo en otras cosas. Somos salvos por gracia, y recibimos esa salvación, pero no hemos sabido para que somos salvos.

Es por esto, que muchos cristianos luego de haber experimentado la salvación y el amor de Dios, comienzan lentamente a bajar su intensidad por Cristo. La gran mayoría no lo dice públicamente, pero en su interior dicen “ …¿y ahora que?”

La vista completa al cuadro de Dios

Hay un gran problema cuando miramos un cuadro sólo en un trozo, o queda aún mas claro este ejemplo cuando lo aplicamos a un libro. Cuando al momento de leer un libro no lo leemos íntegramente sino que leemos ciertos capítulos, y no tenemos la visión general interpretamos ese libro de acuerdo a lo que hemos leído. Quizás ciertas interpretaciones son correctas. Pero lo más probable es que sea una vista incompleta, ya que no se tiene la totalidad de información.

Lo mismo sucede con muchos cristianos. No conoce todo el plan de Dios para sus vidas, por lo que interpretan el cristianismo desde su propia óptica. De acuerdo a lo que han sabido interpretan sus vidas en cuanto a su conocimiento. Pero no hay una visión completa del cuadro que Dios tiene preparado. Es más, mucha gente interpreta la Biblia desde una perspectiva antropocéntrica, es decir, centrada en el hombre. Dios viviendo en función del hombre.

Mucha gente ve el plan de salvación de la siguiente forma. Piensan que el fin último de Dios es venir a salvarnos a nosotros los pecadores. Es como si toda la Biblia estuviera centrada en nosotros. Dios teniendo como centro al hombre. Cuando la gente lo entiende así, la salvación es el fin de todo. Eres salvo, y listo, ya se cumplió el plan de Dios para mi vida, porque el sólo quería que no me fuera al infierno. Y como lo recibí en mi corazón, ya soy salvo así que concluyó el plan de Dios. Debido a esto muchos no encuentran esa plenitud.

El plan de Dios, como lo vimos al principio es Formar una generación para EL en la Tierra, que tenga su carácter, que piense como El, que sea su reflejo. Como lo vimos en Malaquías, el sueño de Dios es formar naciones para El. Hizo al hombre y a la mujer para que al reproducirse, extendiera la naturaleza de Dios sobre la Tierra. Por eso los hizo un Espíritu.

Dios quiere cumplir en nosotros el sueño que implantó en Abraham. El plan es que en Cristo sean benditas todas las familias de la Tierra. Las familias son las naciones de la Tierra. Esto lo vemos reflejado en las últimas palabras de Jesús a los doce

Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo” (Mat 28:19)

Cuando lo miramos desde la perspectiva divina, el plan de salvación no es el fin de todo. Al contrario, es el inicio del plan de Dios sobre la Tierra. Es sólo la primera parte del propósito de Dios. Ahora, es necesario recalcar que no porque no sea el fin principal pierde su importancia. Al contrario, sino somos salvos no podemos entrar en la plenitud de Dios y en sus planes, pero es como el inicio. Es similar a aprobar el examen de selección a algún trabajo o universidad. Recién ingresamos a un mundo totalmente diferente cuando aceptamos a Cristo en el corazón.

Jesús nos rescata para que cumplamos su gran propósito. Engrandecer su nombre en la Tierra. Y esto lo hacemos de dos formas. La primera, es teniendo familias para Dios. Que nuestras futuras esposas sean aquellas personas con la idea de formar una generación para Dios. El principal plan de Dios para la familia es ese. La segunda forma, que es la que veremos aquí es con nuestras familias espirituales: Nuestros discípulos. En este punto es importante que el plan de Dios no es llevarnos a ganar personas para nuestras células. No nos llama a ser solamente un número. No. El nos llama a formar su carácter en nuestras vidas, para que luego vayamos y formemos este carácter en otros, y formemos una generación para Dios

Juan el Bautista y el comienzo del plan de restauración

He aquí, yo os envío el profeta Elías, antes que venga el día de Jehová, grande y terrible. El hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres. (Mal 4:5-6)

Otra versión de este mismo versículo dice

Elías ayudará a reconciliar a los hijos con sus padres, no vaya a ser que venga yo y destruya la tierra por completo” (Mal 4:6)

Antes de que Jesús comenzara su ministerio en la Tierra, vino una persona que vino a preparar su llegada. Este era Juan el Bautista.

Entonces sus discípulos le preguntaron, diciendo: ¿Por qué, pues, dicen los escribas que es necesario que Elías venga primero? Respondiendo Jesús, les dijo: A la verdad, Elías viene primero, y restaurará todas las cosas. Mas os digo que Elías ya vino, y no le conocieron, sino que hicieron con él todo lo que quisieron; así también el Hijo del Hombre padecerá de ellos. (Mat 17:10-12)

Recordemos que cuando Juan el Bautista vino a la Tierra dijo:

“En aquellos días vino Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea, y diciendo: Arrepentíos ,porque el reino de los cielos se ha acercado. Pues éste es aquel de quien habló el profeta Isaías, cuando dijo: Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, Enderezad sus sendas” (Mat. 3:1-3)

Es aquí donde nos preguntamos y decimos, que tiene que ver Juan el Bautista, con la restauración de las familias, y con el día terrible de Jehová, y con las naciones, y con reflejar el carácter de Cristo.

Dios quería traer su imagen a la Tierra, en el hombre a través de las familias de la Tierra. Recordemos que las familias de la Tierra representan también a las naciones. Con la muerte de Jesús, y al ser quitado el pecado, puede venir el Espíritu Santo a nuestras vidas a traernos la realidad espiritual. Dios quiere restaurar las familias de la Tierra con el carácter de Cristo, para que gobernemos.

Pero junto con referirse a la familia terrenal, Dios se refiere a las familias espirituales, a través de Cristo Jesús.

Los judíos cuando escuchaban que vendría el Reino de Dios a la tierra a través del Mesías se imaginaban que era un Reino terrenal. Pero Jesús dijo que su reino no era de este mundo.

Cuando Juan se refería al Reino de los Cielos es el gobierno de Dios en la Tierra, a través del Ser humano. Se refiere al gobierno de Dios a través de nuestras vidas primeramente. Pero inmediatamente después el propósito de Dios es que extendamos su carácter en la Tierra. Esto lo hacemos a través del discipulado, donde imprimimos el carácter de Cristo en la personas

Así vamos conquistando las naciones de la Tierra. Ese es nuestro fin. Debemos partir en nuestra familia, en nuestros amigos, en nuestra nación y en las naciones.

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Comentarios
  1. IVÁN ALFONSO FERRO BETANCOURT dice:

    EL ENFOQUE DEL PLAN DE DIOS DE SALVACIÓN ES BÍBLICO; CONTIENE UN CONCEPTO PERSONAL DEL AUTOR QUE ES PRECISO CORREGIR, CUANDO HACE ESTA REFERENCIA:
    “cuando el hombre y la mujer se unen son un solo espíritu. Unen o funden sus espíritus, para transmitir a su descendencia el Espíritu de Dios que habita en ellos (esto entendiendo que es el hombre regenerado)”.
    DE MANERA INDIVIDUAL EL SER HUMANO EN LA DEBIDA OPORTUNIDAD PROVISTA POR DIOS DECIDE ACEPTAR O RECHAZAR A CRISTO; NADIE RECIBE A CRISTO Y POR CONSIGUIENTE AL ESPÍRITU SANTO POR TRANSMISIÓN DE LOS PADRES; DIOS ADOPTA HIJOS, NUNCA NIETOS.

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