La Revolución de la Mente
“y diciendo: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado. (Mat 3:2)
“Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.” (Mat 4:17)
Introducción
Todo lo que nos rodea, la sociedad, las construcciones, la tecnología, la naturaleza, e incluso las personas son productos de ideas y creencias. La moda, los estilos de música, las tribus urbanas, la educación; todo lo que somos esta regido por nuestras creencias.
Uno de los ejemplos clásicos y mejores para explicar lo anterior es la concepción que tenía el hombre sobre la Tierra. Entre el siglo V y XVIII d.C, los científicos de la época pensaban que la tierra era el centro del universo. Pensaban que todos los planetas, el sol, la luna, las galaxias giraban en torno a la Tierra (Concepción Geocéntrica). De acuerdo a esa creencia que tenían, en base a argumentos racionales, se desarrollaba su vida. Junto con esto pensaban que la Tierra era plana. De la misma forma esta creencia condicionaba los viajes marítimos, ya que pensaban que el horizonte era el fin de la Tierra. Existían teorías de que la Tierra estaba sostenida por grandes animales, y que al final del horizonte existía un precipicio infinito.
Sin embargo en el siglo XVI, luego de estudiar de acuerdo a diferentes cálculos el universo llegó a la conclusión de que el centro del Universo, era el sol. Cuando Copérnico planteó su visión, fue cuestionado, ya que fue considerado un hereje. Posteriormente Galileo Galilei tomó sus estudios y los llevó mas adelante. Finalmente, en otro país, España, Cristóbal Colón, probó la teoría cuando cruzo el océano demostrando que en verdad la tierra es redonda. Posterior a Cristóbal Colón vinieron grandes descubrimientos de Territorio entre los que se encuentra América. La pregunta es ¿Por qué no los descubrieron antes? ¿Apareció América recién en el siglo XVI o ya existía? Por la idea y creencia de un hombre, cambió el rumbo de la humanidad.
La Renovación de la Mente: Una vista introductoria
La aparición de Cristo en la Tierra es fabulosa. Muchas veces quizás lo hemos leído, pero aún no vemos el trabajo espiritual de Jesucristo. Quizás lo comprendemos en nuestra mente como una linda y entretenida historia, pero hay mucho más que debemos descubrir. Hagamos un breve repaso de Mateo, desde los capítulos al capítulo cuatro. Quiero que puedas imaginarte la Historia en tu mente.
Jesús nace de María. María tenía entre doce y dieciocho años cuando quedo embarazada de Jesús. Esta joven estaba comprometida para casarse con José. Estaban muy cerca de su casamiento, cuando de repente se da cuenta que estaba embarazada. (Aunque no es el tema de esta predicación, piensa como debe haberse visto esta joven que de la nada, sin haber tenido relaciones sexuales, de la noche a la mañana se da cuenta que está esperando un hijo). Aunque José, un joven de no más de veintitrés años quiso dejarla, finalmente oye la voz de Dios, y acepta a María y al niño que llevaba en su vientre.
Posterior a esto viene uno de los relatos más intrigantes de la Biblia. De repente, desde el oriente aparecen tres magos del oriente que vienen buscando al Rey de los Judíos. Estos magos llegan alborotando la ciudad preguntando ¿Dónde iba a nacer el Rey de los Judíos? Estos magos conocían la fecha en la cual iba a nacer Jesús. Estos magos, que provenían de Persia, conocían la fecha porque en sus tierras muchos años atrás estuvo un joven profeta llamado Daniel, que dio fechas de los tiempos en los que aparecería Jesús. Sin embargo estos magos solo sabían la fecha del nacimiento, pero no sabían el lugar donde nacería.
Fíjate como llegan los magos a Jerusalén. Date cuenta lo que preguntan
“diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle.”(Mat. 2:2)
Trata de imaginar lo que pasó. Los magos pensaron que la ciudad estría alborotada, en festejos y en celebración, ya que estaba a punto de nacer su Rey. Puede imaginar que los magos pensaron que toda la ciudad estaría buscando el nacimiento de su Rey. Sin embargo, vemos que al parecer los únicos entusiasmados eran sólo ellos porque nadie más tenía idea del nacimiento del Rey
“Oyendo esto, el rey Herodes se turbó, y toda Jerusalén con él” (Mat 2:3)
Al contrario, podemos ver que la ciudad se conmovió al oír esta noticia. Podemos ver que en Jerusalén nadie tenía idea de los tiempos en los que nacería Jesús. Nadie estaba esperando que naciera el Mesías, por eso la ciudad se turbó. Esta noticia llegó a oídos de Herodes, quien llamó a los Maestros de la Ley, a aquellos que conocían la escritura, y ellos sabían el lugar donde nacería Jesús. Ellos le dijeron
“Ellos le dijeron: En Belén de Judea; porque así está escrito por el profeta: Y tú, Belén, de la tierra de Judá No eres la más pequeña entre los príncipes de Judá; Porque de ti saldrá un guiador, Que apacentará a mi pueblo Israel.” (Mat 2:5-6)
Es impresionante darse cuenta que los maestros de la Ley y los escribas sabían donde iba a nacer Jesús. Sin embargo, fueron ellos mismos los que mataron a su Rey. ¿Cómo pudo suceder esto? La profecía ya lo declaraba, daba señales de cómo sería el Salvador. ¿Cómo no lo reconocieron?
El problema donde estaba: En la concepción mental, en las ideas propias que tenían sobre Cristo.
Los judíos, en especial los fariseos, tenían la idea (y aún muchos tienen la idead), de que el Mesías sería un guerrero que vendría a libertarlos. La idea de Mesías para ellos era como un libertador político, que derrotaría al imperio romano que los tenía oprimidos. De acuerdo a eso, ellos se hicieron una imagen mental, una idea y una creencia de Mesías. Sin embargo, cuando este de verdad apareció, no era como ellos lo habían imaginado. Ahí estaba, Jesucristo, delante de ellos, su libertador, un libertador espiritual. Sin embargo, no lo pudieron ver. Sus pensamientos, creencias e ideas eran tan fuertes, que no les dejaron ver a su libertador. A tal punto llegó el grado de oscurecimiento en la mente de estos hombres que mataron a su Rey.
Las Estructuras de Pensamiento
En el Siglo Pasado vivió un importante filósofo llamado Thomas Kuhn. Este filósofo descubrió y escribió sobre un nuevo concepto: Paradigma. Una paradigma es básicamente un modelo de pensamiento. Un paradigma es una forma específica de ver la realidad. Es el conjunto de experiencias, creencias y valores que afectan la forma que percibimos la realidad y la forma en la que responde a esta percepción.
Todo lo que nosotros recibimos en nuestro hogar, en nuestro entorno, en el colegio, universidad; y todo lo que pensamos, de acuerdo a experiencias buenas, o trágicas que hayamos vivido, todo esto va formando “edificios” por así llamarlo, en nuestra mente. De acuerdo a esta información nosotros planteamos nuestra vida en adelante.
Satanás se ha aprovechado de esto, y el se encarga de alterar la Palabra de verdad en nuestro corazón, de cambiar la forma de pensar de acuerdo a lo que dice Dios. El a través de la televisión pone imágenes en nuestras mentes en contra de las imágenes que desea poner Dios. Pone pensamientos a través de la literatura, a través de la música, la educación, Internet, y finalmente el está tomando posesión del campo de la mente.
Jesucristo, Revolución a los Patrones Mentales
Como mencionamos anteriormente, nadie (quizás un par de personas según Lucas) estaba esperando la aparición del Mesías de la forma en la que vino Jesús a la Tierra. Esperaban otro libertador. Quizás en los colegios de la época les enseñaban sobre el libertador que vendría.
Y es aquí la sabiduría y la potencia del mensaje de Jesucristo. Antes de que viniera Jesucristo, quizás por muchos años, Dios envío un profeta que preparara el camino para Jesús: Su nombre Juan el Bautista. El pueblo tenía un pensamiento erróneo, una concepción equivocada de su Salvador. La misión de Juan era:
“Pues éste es aquel de quien habló el profeta Isaías, cuando dijo: Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, Enderezad sus sendas. (Mat 3:3)
Luego llama profundamente la atención que cuando Jesucristo llega a la Tierra su mensaje es el mismo que el de Juan
“Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado” (Mat 4:17)
Hemos entendido erróneamente la palabra “Arrepentimiento”. Cuando decimos arrepentimiento lo que primero asociamos es una persona llorando, pidiendo perdón por sus pecados. Una persona que ya no volverá a equivocarse en un pecado. Eso es lo que entendemos por arrepentimiento. Y en cierta forma esto no está del todo erróneo, ya que es un fruto del arrepentimiento, en el correcto entendimiento de la palabra. Sin embargo el significado literal de la palabra arrepentimiento es Metanoia. Esta es una palabra compuesta de Meta: Cambio y Noeo: mente; es decir es un cambio de mentalidad.
Para entender más profundamente lo que quiere decir Jesucristo con estas revolucionarias palabras debemos entender que es la mente. Según T.S Nee la mente es “…el órgano para pensar en el hombre. Por medio de ella estamos capacitados para conocer, pensar, imaginar, recordar y entender. El intelecto del hombre, su razón, sabiduría y sagacidad, todo ello pertenece a la mente…La mente actúa en el cerebro”[1].
Con la mente pensamos y entendemos. Relacionamos. Junto con esto la mente actúa en el cerebro, a través de los estímulos que recibimos.
Lo que decía Jesús con el arrepentimiento, primeramente era es que hay que cambiar la forma de pensar. Cambiar las estructuras de pensamiento que tenemos. Renovar completamente. La forma de entender la vida se debe cambiar. La forma de razonar. Las ideas, los pensamientos, y finalmente las creencias y las acciones.
Aquí encontramos el gran error nuestro al seguir a Jesús y sus enseñanzas. Primero queremos ser buenos, dejar de pecar, dejar de hacer lo malo como si esto fuera el fin último. Quiero advertir tajantemente que con esto en ninguna forma digo que esta bien pecar. Al contrario, el pecado es aborrecible ante los ojos de Dios y es lo que nos apartó de El. Sin embargo, lo primero que Dios busca en nosotros no es que dejemos de pecar. Lo primero que Jesús quiere hacer en nosotros es cambiar nuestra mente. Que cambiemos la manera de entender la vida. Que haya una revolución en nuestros cerebros, en nuestras imágenes, en nuestros modelos mentales. Que exploten las formas tradicionales que tenemos de ver la vida, y que la Palabra de Dios, comience a moldear nuestra mente, cerebro, voluntad y creencias de acuerdo a su Palabra.
Jesús no está interesado primeramente de que cambiemos nuestras acciones. Jesús está interesado de que nuestra mente cambie. Luego, naturalmente cuando nuestra mente sea renovada haremos buenas obras. Es aquí cuando entendemos que la enseñanza primera de Jesús no fue diciéndole a la gente que dejara de pecar. Sino lo primero fue Cambien la mente para que puedan aceptar el nuevo Reino.
Recordemos, ellos estaban esperando un libertador político del imperio Romano. Si ellos seguían teniendo esa concepción mental (como la tuvieron) no iban a poder ver que Jesucristo era el Mesías, aunque lo tuviesen ahí mismo delante de ellos. Por eso el mensaje primero era “Cambien la forma de pensar”.
Veinte siglos después cabe hacernos la misma pregunta. ¿Qué Jesús estamos esperando? ¿Qué modelo mental tenemos de Jesucristo? En este punto, que es lo que hemos hecho. Aceptar nueva información, o tomar el espíritu de la palabra que revoluciona nuestras mentes. ¿Creemos en Jesús o tenemos una falsificación de Jesús en nuestras mentes por lo que ha condicionado el mundo?
Lo anterior nos queda aún más reflejado en el ejemplo de los Fariseos. Los fariseos eran los que tenían la moralidad más elevada de lo época. Oraban todos los días, estudiaban las escrituras metódicamente, ayunaban, iban a la sinagoga, viajaban millas para hacer prosélitos. En las acciones o pecados no tenían reproche. Pablo, siendo Fariseo dice que en la ley el era irreprochable. Pero vemos como Juan el Bautista y posteriormente Jesús los trata con fuerte rudeza
“Al ver él que muchos de los fariseos y de los saduceos venían a su bautismo, les decía: ¡Generación de víboras! ¿Quién os enseñó a huir de la ira venidera? Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento” (Mat 3:7-
La Nueva Versión Internacional consigna el versículo ocho de esta forma
“Produzcan frutos que demuestren arrepentimiento.” (Mat 3:
Como vemos en este caso Jesucristo no está apelando a sus obras. Tenían obras moralmente correctas, no lo podemos negar. Sin embargo no había un cambio en la forma de pensar. Hacían lo bueno, pero seguían siendo malos. Jesús no quiere que tú aprendas a hacer lo bueno. Jesús lo primero que quiere es que cambies tu forma de pensar. Que derribes todos los modelos mentales en tu mente. Juan el Bautista les dice que den frutos pero que esos frutos procedan de un cambio de mentalidad, no del aprendizaje cognitivo.
Por lo anterior Jesucristo se indignaba con los Fariseos y escribas. El les decía
“¡Generación de víboras! ¿Cómo podéis hablar lo bueno, siendo malos? Porque de la abundancia del corazón habla la boca.” (Mat 12:34)
Lo que indignaba a Cristo de los Fariseos es que ellos habían aprendido a hacer lo bueno sin cambiar su forma de pensar. Y muchas veces lo que pasa con los cristianos es esto. Luego de haber pasado años en la iglesia aprenden que cosas no deben hacer, pero la mente no ha sido renovada. Siguen con paradigmas antiguos de pensamiento. Pero lo que desea Cristo es que cambiemos nuestra mente.
Juan el Bautista no tenía el poder de cambiar la mente pero Jesucristo si. Juan podía solo bautizar en agua. Sin embargo Jesús bautiza en Espíritu Santo y fuego. El agua solamente puede lavar algo que está sucio. Limpia, pero la estructura molecular sigue intacta. En cambio, el fuego tiene la particularidad que viene a cambiar las estructuras moleculares. Rompe, quema, desintegra.
“Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; pero el que viene tras mí, cuyo calzado yo no soy digno de llevar, es más poderoso que yo; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego” (Mat 3:11)
Jesucristo no quiere que nos lavemos en agua, pero que sigamos siendo los mismos. No¡¡¡ La cruz y la sangre vienen para destruir, para desintegrar nuestra forma de ser, nuestra forma de pensar. La vida en Cristo es una vida de muerte, entendiendo la muerte como desintegración de lo antiguo, de lo corrupto. Todo esto para que venga la nueva vida que proviene del cielo.
Conclusión
Por lo tanto, no debemos dejarnos llevar por las modas intelectuales, cognitivas, televisivas, mediáticas. Satanás sabe que si controla nuestras mentes, nuestra vida espiritual está mermada. Por esto Pablo decía
“No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Rom 12:2)
Si queremos ser transformados en una nueva generación, en una nueva persona debemos renovar nuestro entendimiento, nuestra mente. Solamente renovando nuestra mente podremos comprobar la buena voluntad de Dios. Quizás has sido muchos años cristiano, has leído la Biblia y has hecho todo, sin embargo no has experimentado la buena voluntad. Lo que debemos hacer es renovar la mente. Cuando la renovamos vemos las cosas desde otro punto de vista. Nuestras asociaciones mentales son diferentes. Ya no solamente tendremos conocimiento, sino más bien, tendremos vida.
Hoy es necesario reflexionar. ¿Qué concepción tengo de Jesucristo? ¿En que Jesús creo¿ En el que me dibujo la religión? Cambiemos nuestras creencias, y así como Cristo, cambiaremos el mundo con el fuego revolucionador del Espíritu Santo.
Quizás estamos como los fariseos, tenemos una concepción de Dios. Creemos que El es de una forma, sin embargo cuando el se manifestó no pudieron verlo porque se hicieron una imagen de Dios. Quiero dejarte con una pregunta. ¿Si Cristo se te apareciera hoy como el es….lo reconoceríamos?
[1] Nee. T.S. El Hombre Espiritual. Análisis del Alma y Cuerpo. Pág 9. Editorial Clie. Barcelona, España 1987