Espiritualidad en la postmodernidad

Abril 26, 2008

¿Qué es el espíritu? Una aproximación general.

Con este tema quiero comenzar a tratar en detalle la temática por que fue creado este blog “la espiritualidad”. En este último tiempo me he dado cuenta que Dios me ha hablado sobre muchos temas, la sangre, el amor, la cruz, entre otros, sin embargo, el eje transversal que recorre cada uno de estos temas es la vida espiritual. Se que este es un asunto muy poco mirado en la actualidad, no obstante su valor es tremendamente importante. La forma en que expondré estos temas siempre son de una mirada práctica y aplicada a nuestra vida, ya que no es mi objetivo entrar a teorizar sobre estos aspectos, sino mas bien ver su aplicación en nuestro crecimiento espiritual diario

La pregunta de indagación con la que iniciare este tratado es

¿Qué es el espíritu?

Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios. Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios. Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido, lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual. Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente. En cambio el espiritual juzga todas las cosas; pero él no es juzgado de nadie. Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo
(1 Cor 2:10-16)

Introduccion

El Domingo recién pasado (20 de Abril del 200 8) apareció en la sección “Reportajes” del Diario El Mercurio un artículo titulado “ Científicos recrean las condiciones tras el Big Bang” . Básicamente se explicaba que físicos de diferentes lugares del mundo esperan Octubre del 2008 para comenzar a dilucidar cuales son las párticulas más pequeñas del Universo. Uno de los datos que me llamó profundamente la atención es que del total de la materia que existe, el 23% es Materia oscura, el 73% es Energía oscura y sólo el 4% es Materia visible (lo que nosotros vemos). Dentro de la pregunta que intenta responder esta investigación existe una que llamó profundamente la atención ¿De que esta hecho el 96% de la materia que no vemos?

Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía” (Heb 11:3)

Muchas veces nos centramos demasiado en lo que vemos, en lo que está enfrente de nuestros ojos, sin embargo, casi la totalidad de lo que nos rodea existe, pero no lo vemos. Sin embargo, la estructura de conocimiento del hombre privilegia desde ya hace muchos siglos aquellos que sólo se puede ver. Si nos fijamos en las mismas ciencias, estas casi siempre parten su campo de estudio en las cosas plausibles, y aquello que no se ajusta a ser estudiado dentro del método científico es catalogado como pseudociencia (como si el método científico dictaminará que es lo que existe o no).

El Hombre: ¿De qué estamos hechos?

Cuando nos introducimos en la Biblia, esta nos muestra la naturaleza del ser humano.

Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente” (Gen 2:7)

El ser humano creado por Dios tiene dos grandes componentes (doble naturaleza). Por un lado tiene una naturaleza material: El cuerpo “…del polvo de la Tierra”; y una naturaleza inmaterial: Alma y Espíritu “…aliento de vida”.

El hombre combina (o debería combinar) en su ser dos clases de relaciones: con lo material y con lo espíritual. El Espíritu Santo nos menciona “…el hombre es de la tierra, terrenal” (1 Cor 15:47), y el espíritu del hombre es como un tesoro que está en estos vasos de barro “Pero tenemos este tesoro en vasos de barro” (2 Cor 4:7).

En esta línea, los seres humanos estamos formados por Espíritu, Alma y Cuerpo. Veamos cada uno de estos elementos.

CUERPO

El cuerpo es nuestra parte material. Es aquella con lo que tenemos contacto con lo que nos rodea. Es la parte que se va desgastando, debido al pecado del hombre. Es lo que se mueve bajo las leyes naturales. Finalmente, luego de envejecer, morimos y se produce la separación de nuestro cuerpo con nuestro espíritu y alma.

ALMA

El alma es el lugar donde residen los pensamientos, la voluntad, la mente, las emociones, el temperamento. Podríamos decir que en este lugar es donde se encuentra la psique, nuestra capacidad de razonamiento.

ESPIRITU

Luego de la descripción bastante resumida que vimos anteriormente, entonces que es el espíritu. Al parecer todo lo que “somos” ya fue nombrado anteriormente. Para que entonces es el espíritu. ¿Cuál es su función?

Este es el punto donde ha estado una de las mayores dificultades para poder vivir una vida integral en el Espíritu Santo, ya que ignoramos la existencia de nuestro espíritu al interior nuestro; o a veces lo confundimos con nuestra alma, emociones, conciencia, voluntad, aspectos que no podemos ver en nuestro ser, pero que no por esto forman parte de nuestro espíritu.

Es urgente que reconozcamos la existencia del espíritu en nuestro interior, algo más profundo que nuestros pensamientos, y no solamente debemos entender que existe, sino que también cual es su función.

¿Por que es importante conocer nuestro espíritu?

Esto no es un ejercicio filosófico para ocupar nuestra mente. Absolutamente No. Con todo esto que estamos viendo no hay una intención de aumentar tu caudal intelectual, y de saber más. Al contrario, es necesario conocer nuestro espíritu por su tremenda importancia en nuestra comunión con Dios. Como cristianos lo que más deseamos es tener intimidad con Dios, relacionarnos con El, saber que es lo que piensa, y nuestra vida entera es para conocerle a El, y conocer todo lo que es el, y ser llenos de El.

y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios” (Efe 3:19)

El versículo anterior es uno de esos versículos desafiantes. Piensa por un minuto en la mente de Dios. ¿Como será la mente de Dios?. ¿Es nuestro Dios grande?

seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura” (Efe 3:1 8)

Pero ¿es verdad que Dios morará sobre la tierra? He aquí que los cielos, los cielos de los cielos, no te pueden contener” (1Rey 8:27)

Entonces ¿Como podemos ser llenos de toda la plenitud de Dios? La respuesta es: A través de nuestro espíritu

Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios” (1Cor 2:10)

Recordemos que somos creados a la imagen y semejanza de Dios. De la misma forma que en nosotros, el Espíritu Santo es lo más profundo de Dios.

Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios” (1Cor 2:11)

Aquel que conoce todo lo de Dios, incluso lo más profundo es el Espíritu Santo. Por eso para poder tener una relación íntima con Dios, esta debe ser obligatoriamente a través del Espíritu Santo, es decir, una comunión espiritual. Quizás conocemos mucho de Dios nuestro intelecto, en nuestro conocimiento, sin embargo a Dios no lo podemos conocer como conocemos de Sócrates, o del átomo o las mitocondrias. A Dios sólo podemos conocerlo a través del Espíritu Santo.

Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido” (1Cor 2:12)

Dios se comunica a través de nuestro espíritu. Revela su voluntad a nuestro espíritu. El Espíritu de Dios se comunica a través de nuestro espíritu, y de esa forma podemos ser llenos de la plenitu de Dios.

Nacer del espíritu

Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo. El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu (Jn 3:5- 8)

Porque la palabra de Dios es viva, y eficaz, y más aguda que toda espada de dos filos, Y penetra hasta la división entre alma y espíritu, sí, y hasta las coyunturas y los tuétanos, y es hábil en discernir los pensamientos y propósitos del corazón” (Heb 4:12 V.M)

Hay dos grandes momentos en nuestra vida espiritual. El primer momento es cuando reconocemos a Jesucristo como nuestro Señor y Salvador. Reconocemos nuestros pecados y le pedimos que venga a gobernarnos. El segundo gran momento es cuando nacemos del Espíritu.

Esta es la gran diferencia en la vida cristiana. Hay muchos cristianos que han hecho su declaración de fe, quizás van a la iglesia todas las semanas, se emocionan cuando escuchan del amor de Dios, quieren más de Dios, pero aún su alma gobierna sobre sus espíritus. A veces entendemos a una persona carnal como alguién quien cae en constantes pecados sexuales, sin embargo, andar en la carne es andar de acuerdo a nuestros propios deseos.

Tu te preguntarás ¿Por qué sucede esto? Yo ya acepté a Cristo como mi Señor y Salvador. Quizás puedes decir como el Apóstol Pablo, quiero hacer el bien pero hay algo en mi que no me deja.

Lo anterior sucede porque alguien que aceptó a Cristo en su corazón puede ser carnal todavía. Esto es porque su espíritu puede estar siendo atado por su cuerpo o por su alma. La voluntad de Dios para sus hijos es que el alma y el espíritu se separen.

Por un lado, el Espíritu Santo, quien mora en nuestro espíritu quiere hacer su voluntad en nuestras vidas. Quiere que podamos seguir sus deseos, y que moremos con el Padre en la plenitud de sus bendiciones. Pero por otro lado nuestra alma y nuestro cuerpo se oponen a eso. Nuestro cuerpo “tiene” sueño y desea dormir, nuestra alma tiene tristeza y entra en estados de depresión que van contra la voluntad de Dios. El pecado actúa en nuestro cuerpo o nuestra alma. Entonces se produce la lucha. Por un lado el Espíritu Santo, trata de tirar a nuestro espíritu a hacer su voluntad, pero al mismo tiempo el alma y el cuerpo tratan de llevar a nuestro espíritu a hacer nuestra propia voluntad.

¿Como separamos nuestra alma de nuestro espíritu?

Para entender este punto tratemos de pensar en la gran mayoría de las personas y su reacción ante la muerte de algún familiar cercano. La gente dice que el cuerpo de la persona se encuentra en el féretro, sin embargo su espíritu está en el cielo con Dios. Toda la gente que cree que existe un cielo, se dan cuenta de la división entre el espíritu y el cuerpo en el momento de la muerte.

¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva” (Rom 6:3-4)

sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado” (Rom 6:6)

Os aseguro, hermanos, por la gloria que de vosotros tengo en nuestro Señor Jesucristo, que cada día muero” (1Cor 15:31)

De la misma forma que en la vida natural. La única forma para llegar a una dimensión espiritual es a través de la muerte. Pero de la muerte a nuestra carne, de la muerte a nuestra voluntad. De la muerte a nuestro yo, y de aceptar la voz del Espíritu Santo en nuestra vida y obedecerle. Muchas veces en nuestra vida cristiana, oramos todas las mañanas pero le decimos “Espíritu Santo, aquí está mi día, bendícelo, mis estudios, ayúdame”. Sin embargo no llegamos a decirle “Espíritu Santo, que deseas que haga en este día, mi vida es tuya, has lo que tu quieras”.

Esta es la gran diferencia. Aquella persona que es espiritual, camina todos los días de la mano con el Espíritu Santo, y su propia voz ya no importa. Ha anulado su propia voz, y oye sólo la voz de Dios. Por eso Jesús decía que aquel que ha nacido del Espíritu es como el viento, que no sabe adonde viene ni adonde va, es decir, el Espíritu de Dios nos lleva y no sabemos hacia donde nos dirigimos, solo seguimos su voluntad.

Para esto debemos crucificarnos a nosotros mismos todos los días. Siempre vamos a querer hacer nuestra propia voluntad. Para ser guíados por el Espíritu Santo debemos ser mucho más livianos que el aire, para poder ser transportados por el viento. De la misma forma que cuando Jacob “peleó” con Dios, que quiere decir que su naturaleza fue desintegrada, fue transformado, hecho polvo, debemos ser desintegrados y ser más livianos que el polvo.

Fortalezcamos nuestro hombre interior (el espíritu) a través de la Palabra y la Oración hasta que sintamos que nuestro espíritu es libre de nuestra alma y nuestro cuerpo y vivir en libertad para servir a Dios, y esa verdad está en su palabra.

y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8:32)

“... tu palabra es verdad” (Juan 17:17)

La verdadera libertad es cuando ya no estamos atados a nuestra alma y cuerpo, sino cuando estamos regidos por la Ley del Espíritu.

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