“Así se quedó Jacob solo; y luchó con él un varón hasta que rayaba el alba. Y cuando el varón vio que no podía con él, tocó en el sitio del encaje de su muslo, y se descoyuntó el muslo de Jacob mientras con él luchaba. Y dijo: Déjame, porque raya el alba. Y Jacob le respondió: No te dejaré, si no me bendices. Y el varón le dijo: ¿Cuál es tu nombre? Y él respondió: Jacob. Y el varón le dijo: No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel; porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido. Entonces Jacob le preguntó, y dijo: Declárame ahora tu nombre. Y el varón respondió: ¿Por qué me preguntas por mi nombre? Y lo bendijo allí. Y llamó Jacob el nombre de aquel lugar, Peniel; porque dijo: Vi a Dios cara a cara, y fue librada mi alma. Y cuando había pasado Peniel, le salió el sol; y cojeaba de su cadera.”
(Gen 32:24-31, enfasis añadidos)
Introducción
Jose, Tomas, María Gracia, Evelyn, Esteban, Pablo….nombres. Cada uno de nosotros lleva uno (en mi caso dos). Es tan típico y necesario que cada una de las personas lleve uno de ellos para poder identificarlas. Sin embargo, para Dios los nombres tienen una gran importancia. El nombre esta muy ligado a la naturaleza de las personas. Para Dios, el nombre que cada uno de nosotros tiene está ligado con la propia existencia. En otras palabras, lo que no tenía nombre no existía.
” Lo que ahora existe ya ha recibido su *nombre” (Eclesiastes 6:10)
La importancia del nombre era que que este es la expresión de su personalidad. Por lo tanto, un cambio de nombre implicaba un cambio de carácter.
Cual es tu nombre: Cual es tu naturaleza
¿Cual es tu nombre? ¿Fracaso, debilidad, temor, hacer nada bien, escasez, pobreza? Quizas en tu cédula de identidad no aparece ninguno de estos nombres, sin embargo, dentro de ti, sabes que tu naturaleza es de debilidad. Entremos y veamos que nos enseña el Espíritu Santo de acuerdo a la vida de Jacob.
Jacob, el segundo de una pareja de gemelos. Ambos peleaban al interior del vientre de su mamá, Rebeca. Al parecer serían dos que tendrían conflictos cuando fueran mayores. Era tanto el conflicto que había dentro del vientre de Rebeca que declaró que si esto seguía seria mejor que ella np siguiera viviendo. Trata de imaginar como era esa lucha en el vientre de Rebeca. Fue tanto la pelea en el vientre de Rebeca que consultaron a Dios sobre la situación, y dijo
“y él le contestó: “Dos naciones hay en tu seno; dos pueblos se dividen desde tus entrañas. Uno será más fuerte que el otro, y el mayor servirá al menor.” (Gen 25:23).
Se acercaba el momento del nacimiento. Ambos bebes peleaban en el vientre. Ambos querían ser los primeros. Esau empujaba a Jacob para salir primero. Jacob no se quedaba atras y trataba de vencerlo. Finalmente cuando llegó el día Esaú abrió primero la matriz, sin embargo Jacob no se quedó atrás y salió tomandole el tobillo a Esaú. Debido a esto, la naturaleza del segundo niño fue marcada por su nombre: Jacob, el que toma por el talón, el que suplanta. Desde ese momento la personalidad de Jacob se marcó. Sería el que suplantaba, el engañador, el segundo, el que iría siempre despúes de su hermano. Sin embargo, había una palabra de Dios trazada “el mayor serviría al menor”.
Jacob se lamentaba por no haber nacido primero. Siempre el pensaba en eso cuando estaba en las tiendas con su madre. Jacob anhelaba con todo su corazón la primogenitura, pero en su naturaleza (Jacob) el era el segundo. Hasta que un día, su hermano Esaú le vendió la primogenitura a su hermano por un guisado de lentejas. A cambio de un juramento, Esaú le entregó los beneficios de la primogenitura. Jacob entendía la importancia de ser el primero. Por eso no le pidió bienes o dinero a cambio del guisado. Le pidió la primogenitura, lo que anhelaba.
Pasaron los años, e Isaac envejeció. Apenas podía ver, y sabía que antes de morir debía entregar la bendición al primogénito. Por eso el llamó a Esaú. Sin embargo, para Dios, Esaú ya no era el primogénito debido al juramento que vimos anteriormente. Siempre me preguntaba antes como Dios bendijo un engaño, si Dios es un Dios de verdad. Sin embargo en este caso no hubo engaño, quien merecía la bendición de la primogenitura porque tenía el derecho legal basado en un juramento (ten presente este concepto a través de todo este estudio). Legalmente Jacob era el depositario de la primogenitura.
“Entonces Rebeca habló a Jacob su hijo, diciendo: He aquí yo he oído a tu padre que hablaba con Esaú tu hermano, diciendo: Tráeme caza y hazme un guisado, para que coma, y te bendiga en presencia de Jehová antes que yo muera. Ahora, pues, hijo mío, obedece a mi voz en lo que te mando. Ve ahora al ganado, y tráeme de allí dos buenos cabritos de las cabras, y haré de ellos viandas para tu padre, como a él le gusta; y tú las llevarás a tu padre, y comerá, para que él te bendiga antes de su muerte“
(Gen 27:6-10)
“Y Jacob dijo a Rebeca su madre: He aquí, Esaú mi hermano es hombre velloso, y yo lampiño. Quizá me palpará mi padre, y me tendrá por burlador, y traeré sobre mí maldición y no bendición. Y su madre respondió: Hijo mío, sea sobre mí tu maldición; solamente obedece a mi voz y vé y tráemelos. Entonces él fue y los tomó, y los trajo a su madre; y su madre hizo guisados, como a su padre le gustaba. Y tomó Rebeca los vestidos de Esaú su hijo mayor, los preciosos, que ella tenía en casa, y vistió a Jacob su hijo menor; y cubrió sus manos y la parte de su cuello donde no tenía vello con las pieles de los cabritos” (Gen 27:11-16)
Una vez más vemos la poderosa obra de la cruz¡¡¡. Nunca antes me había dado cuenta de lo siguiente. Siempre leía que los cabritos con los cuales Rebeca hizó el guisado para que Jacob se los diera a Isaac, eran solamente para ese plato de comida. Sin embargo, con la piel de esos cabritos, Rebeca cubrió las partes sin vellos de Jacob. Todo esto es una figura.
Adán fue el primogénito de todas las cosas. Sobre el estaban todas las bendiciones de gobernar y reinar la tierra. De ser aquel con la forma de Dios. Sin embargó, al igual que Esaú, Adán vendió su primogenitura por comida (deseos de los ojos, de la carne). Sin embargo para recuperar la bendición de la Primogenitura debemos ir con un guiso donde hayan cabritos, lo que representa el derramamiento de la Sangre de Jesús, y cubrirnos con su sangre, cubrirnos de Cristo, para que la bendición de la Primogenitura pueda recaer sobre nosotros, asi como Rebeca cubrió las partes no velludas de Jacob.
Me imagino a Jacob, ya cubierto con la piel de los cabritos yendo a la tienda de su Padre. Todo el nerviosismo que llevaba. Si su padre lo descubría la maldición caería sobre el. Finalmente entró a la tienda y su padre, Isaac lo llamó. Me imagino la adrenalina corriendo rápidamente en Jacob. Jacob le miente a su padre diciendo que era Esaú.
“E Isaac dijo a Jacob: Acércate ahora, y te palparé, hijo mío, por si eres mi hijo Esaú o no. Y se acercó Jacob a su padre Isaac, quien le palpó, y dijo: La voz es la voz de Jacob, pero las manos, las manos de Esaú. Y no le conoció, porque sus manos eran vellosas como las manos de Esaú; y le bendijo“
(Gen 27:21-23)
Lo que permitió que Isaac le diera la bendición a Jacob fue que sus manos estaban cubiertas con las pieles de los cabritos. Jacob estaba cubierto de Cristo, por eso Isaac pudo bendecirlo, y la bendición tuvó un poder espiritual. Dios no avala la mentira. Pero Jacob, estaba cubierto de Cristo. Quizás te suene extraño o injusto, pero es lo mismo que el Padre hizo por nosotros
“aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos),
(Efe 2:5)
Por esta causa, el Padre declara la bendición la que recae sobre Jacob la que dice:
“Y Jacob se acercó, y le besó; y olió Isaac el olor de sus vestidos, y le bendijo, diciendo: Mira, el olor de mi hijo, Como el olor del campo que Jehová ha bendecido; Dios, pues, te dé del rocío del cielo, Y de las grosuras de la tierra, Y abundancia de trigo y de mosto. Sírvante pueblos, Y naciones se inclinen a ti; Sé señor de tus hermanos, Y se inclinen ante ti los hijos de tu madre. Malditos los que te maldijeren, Y benditos los que te bendijeren” (Gen 27:27-29)
Todo esto es lo mismo que ocurrió con nosotros. Nosotros no merecíamos la bendición del Padre. Habíamos perdido nuestra primogenitura, la despreciamos, sin embargo, cuando vamos vestidos de la sangre de Cristo, la sangre que Jesús derramó en la cruz, podemos venir delante del Padre y recibir sus bendiciones. Sin embargo aquí hay un GRAN PERO.
Siguiendo en el relato, Esaú se enfureció grandemente con su hermano, jurando que lo iba a matar. Desde ese momentó comenzó el martirio en la vida de Jacob. Jacob por recomendación de su madre y su padre se fue de la tierra a donde estaba Labán. Es así como comienza su huída. Pero había una gran diferencia al Jacob anterior. Ahora este Jacob, porque se cubrió con piel de los cabritos, tipo de la salvación que tenemos en la Sangre de Cristo, tenía comunión con Dios. Nunca antes en la historia de Jacob se nos menciona que el se comunicara con Dios. Sólo luego que el se cubre con las pieles y recibe la bendición de su Padre, Dios comienza a hablarle.
“Y llegó a un cierto lugar, y durmió allí, porque ya el sol se había puesto; y tomó de las piedras de aquel paraje y puso a su cabecera, y se acostó en aquel lugar. Y soñó: y he aquí una escalera que estaba apoyada en tierra, y su extremo tocaba en el cielo; y he aquí ángeles de Dios que subían y descendían por ella. Y he aquí, Jehová estaba en lo alto de ella, el cual dijo: Yo soy Jehová, el Dios de Abraham tu padre, y el Dios de Isaac; la tierra en que estás acostado te la daré a ti y a tu descendencia. Será tu descendencia como el polvo de la tierra, y te extenderás al occidente, al oriente, al norte y al sur; y todas las familias de la tierra serán benditas en ti y en tu simiente. He aquí, yo estoy contigo, y te guardaré por dondequiera que fueres, y volveré a traerte a esta tierra; porque no te dejaré hasta que haya hecho lo que te he dicho. Y despertó Jacob de su sueño, y dijo: Ciertamente Jehová está en este lugar, y yo no lo sabía.
(Gen 28:11-16)
Es lo mismo que sucede en nuestra vida como cristianos, posterior a aceptar a Cristo y creer en El, podemos comenzar a tener comunión con El. El nos habla y podemos relacionarnos mediante la sangre del cordero.
¿Salvación es igual a cambio de naturaleza?
Se que corró el riesgo de ser repetitivo, pero esto debe quedar muy claro. Hagamos un recuento hasta aca. Jacob, era el segundo, el cual legalmente recibió la primogenitura primeramente por un juramento de su hermano. Posteriormente, luego de vestirse con las pieles que representan la cruz y el derramamiento de la sangre, Jacob puede recibir las bendiciones de su Padre. Sin embargo, luego de recibir las bendiciones de la Primogenitura, es cuando comienzan los mayores problemas en la vida de Jacob. Pudieramos suponer que el recibió la bendición que iba a ser el primero, que iba a ser prospero, que sería padre de multitudes, y que sus hermanos lo servirían. Sin embargo, Jacob no estaba experimentando esta bendición. Al contrario, luego de que el Padre le dió la bendición los problemas vinieron a su vida.
Jacob llegó a la casa de Labán. El pensaba que ya estando lejos de su hermano, la profecía debería comenzar a cumplirse. El sería bendecido. Cuando llegó no dejó de llamarle la atención Raquel una preciosa joven. El corazón de Jacob fue atrapado por la belleza de Raquel, de tal forma que estuvo dispuesto a trabajar siete años por su esposa. Sin embargo el primer problema vendría. El día que Jacob mas esperaba, para unirse a Raquel, fue victima de un engaño, este fue, que le dieran a Lea por esposa. Posteriormente cuando exijio una respuesta, le dijeron que para obtener a Raquel debía trabajar siete años mas.
Junto con esto, comenzó la tensión en el hogar de Jacob. Empezó la lucha entre sus dos esposas, por quien le daba más hijos. Se miraban mal entre Raquel y Lea. Hasta las siervas de ellas estuvieron en el lío. Imagínate la tensión de esa familia. Cada día de peleas, Jacob se preguntaba donde estaba la bendición que su Padre le declaró.
¿Por que Jacob no recibía la bendición de su Padre? El problema en Jacob, era que aún no recibía la nueva naturaleza. Aun era un engañador, aun tenía la naturaleza de Jacob, de su nombre.
“Y Jacob engañó a Labán arameo, no haciéndole saber que se iba.” (Gen 31:20)
Es lo mismo que sucede en muchos cristianos. Hemos sido cubiertos por la sangre de Cristo. Dios nos habla. Podemos comunicarnos con El, asi como Jacob. Sin embargo no podemos experimentar la promesa que Dios nos ha dado. No podemos experimentar las bendiciones de nuestra primogenitura. Tenemos la salvación por nuestra fe en Jesús. Podemos acercarnos al Padre y el habla con nosotros por Jesús. Sin embargo no vivimos en la plenitud de las bendiciones, porque somos salvos pero con una vieja naturaleza.
Sigamos con Jacob. Jacob engaño a Laban y huyo de la tierra. Laban salió a buscarlo, y finalmente (resumiendo extraordinariamente este relato, para llegar al punto central) pudieron despedirse en paz. Jacob siguió su camino. Pero como si sus problemas anteriores fueran pocos, ahora venía lo más grave en su vida. Esaú, su hermano venía con un grupo de 400 hombres. Jacob sabía que Esau venia buscando su vida, y fue donde vino un gran temor sobre el.
“Y los mensajeros volvieron a Jacob, diciendo: Vinimos a tu hermano Esaú, y él también viene a recibirte, y cuatrocientos hombres con él. Entonces Jacob tuvo gran temor, y se angustió;” (Gen 32:6-7)
Es en ese momentó donde Jacob sabía que lo único que podía librarlo era la intervención Divina. Y clamó a Dios
“Y dijo Jacob: Dios de mi padre Abraham, y Dios de mi padre Isaac, Jehová, que me dijiste: Vuélvete a tu tierra y a tu parentela, y yo te haré bien; menor soy que todas las misericordias y que toda la verdad que has usado para con tu siervo; pues con mi cayado pasé este Jordán, y ahora estoy sobre dos campamentos. Líbrame ahora de la mano de mi hermano, de la mano de Esaú, porque le temo; no venga acaso y me hiera la madre con los hijos. Y tú has dicho: Yo te haré bien, y tu descendencia será como la arena del mar, que no se puede contar por la multitud.” (Gen 32:9-12)
Finalmente llegó el momentó de mas tensión y preocupación en la vida de Jacob. Aquella noche más difícil de su vida. Sabía que a la otra mañana se encontraría con su hermano, y eso sería su muerte segura. Sabía que la única persona que podía salvarle era Dios.
“Así se quedó Jacob solo; y luchó con él un varón hasta que rayaba el alba. Y cuando el varón vio que no podía con él, tocó en el sitio del encaje de su muslo, y se descoyuntó el muslo de Jacob mientras con él luchaba. Y dijo: Déjame, porque raya el alba. Y Jacob le respondió: No te dejaré, si no me bendices. Y el varón le dijo: ¿Cuál es tu nombre? Y él respondió: Jacob. Y el varón le dijo: No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel; porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido. Entonces Jacob le preguntó, y dijo: Declárame ahora tu nombre. Y el varón respondió: ¿Por qué me preguntas por mi nombre? Y lo bendijo allí. Y llamó Jacob el nombre de aquel lugar, Peniel; porque dijo: Vi a Dios cara a cara, y fue librada mi alma. Y cuando había pasado Peniel, le salió el sol; y cojeaba de su cadera. (Gen 32:24-31)
Era tanta la presión que tenía Jacob, que se decidió a luchar con el ángel. Jacob ya estaba aburrido de lo que había vivido. Estaba cansado de los problemas. De que no se cumpliera lo que Dios le dijo a través de la bendición de su Padre. Estaba cansado de ser el segundo, de ser un suplantador. De tener que conseguir todo como un suplantador. Por eso el se decició esa noche a no ser el mismo. Sabía que el ángel podía bendecirlo. Era su última opción. Se aferró a El. Debido a esta perseverancia y lucha por cambiar, Dios cambió la naturaleza de Jacob. El ángel le preguntó por su nombre. El le dijo: suplantador, segundo, engañador. Y Dios le da una nueva naturaleza, lo llama Israel (que siginifica Quien Reina con Dios). De ser el segundo, por el cambio de naturaleza pasa a ser un príncipe de Dios.
Esa noche Jacob fue libre de su naturaleza carnal. Esa noche Jacob pudo comenzar a experimentar las bendiciones del Padre. La bendición del Padre ya está declarada en la cruz del calvario. Sin embargo, para hacerlas real en nuestra vida, nuestra naturaleza debe cambiar. No podemos experimentar la bendición de Dios, con una naturaleza carnal. Podemos ser salvos, pero aun no poder experimentar la plenitud de Dios. Quizás hemos nacido del agua, pero aún no nacemos del Espíritu.
Peleo con Dios
Siempre pensaba o me imaginaba que cuando la Biblia dice que Jacob peleó con Dios (o un ángel), era como una pelea cuerpo a cuerpo. Sin embargo sabemos que cualquier ángel podría solamente destruirnos con un empujón. Pensemos que solamente dos ángeles destruyeron dos cuidades. Cuanto menos le costaría destruir a un mortal.
Entonces ¿Que significa Peleo?. La Palabra pelear viene de la Palabra hebrea אָבַק abak que significa irse flotando, o ser particulas volátiles (Strong H79, H80), y otra derivación de la raíz de la palabra es אָבַר ábar; que significa elevarse o volar.
Que significa entonces todo esto. Jacob dejo de vivir de acuerdo a la carne, de acuerdo a su alma. Jacob, si pudieramos decirlo de alguna forma, era salvo, sin embargo el tenía una naturaleza carnal, de engaño. Sin embargo esa noche, entro a una nueva dimensión espiritual, se convirtió en una partícula volátil que puede ser guíada fácilmente. Es el nacimiento del Espíritu. Miremos lo que dice Jesús que significa nacer del Espíritu
“El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu” (Juan 3.
Lo que hizo Jacob para cambiar su naturaleza fue rendir su vida al Espíritu de Dios. Solamente cuando rendimos nuestra naturaleza, es que el Espíritu Santo puede venir a vivir con la Plenitud de Cristo en nuestros corazones. Jacob, dejo de vivir en lo carnal y se elevo a una nueva dimensión, se transformó en “un ser flotante”, es decir, se hizo tan liviano, que el viento podía comenzar a moverlo. Eso es lo que necesitamos nosotros para entrar a la nueva naturaleza. Ser tan livianos, para entrar a la dimensión espiritual, y desde ahi disfrutar las bendiciones del Padre. Las bendiciones del Padre se encuentran en el mundo espiritual. Nosotros somos salvos, pero aun podemos estar regidos por nuestra carne. Nunca podremos experimentar todas las bendiciones del Padre hasta que cambiemos nuestra naturaleza carnal a una espiritual. Las bendiciones están en el mundo espiritual.
“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo” (Efe 1:3)
Lo que hizo Jacob para entrar a los lugares celestiales, fue rendirse. Depender absolutamente de Dios. El sabía que la única forma de salvarse era depender de Dios. Y muchas veces Dios permite las dificultades para que entendamos que la única forma de experimentar la plenitud del Padre es rendiendo nuestra voluntad a la del Espíritu Santo, es decir, muriendo a nosotros, llevando nuestra cruz. Por eso debemos diariamente crucificar nuestros anhelos, sueños, deseos, carnalidad, pecados en la cruz, para que la naturaleza espiritual venga sobre nosotros
“Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva.“
(Rom 6:4)
“sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado” (Rom 6:6)
“Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.” (Gal 2:20)
Diariamente debemos crucificar nuestra voluntad a la voluntad del Padre, para poder resucitar en el mundo espiritual. Es la única forma en la cual nuestra naturaleza cambia de carne a espíritu.
Desenlace
No puedo concluir aca este relato. Falta la parte final. Concluyó la noche más difícil de Jacob. Y amaneció. Salió caminando e Israel vio a Esaú que venía. Pero he aquí el milagro. Cuando cambia nuestra naturaleza, juntamente con eso cambian las circunstancias
“Pero Esaú corrió a su encuentro y le abrazó, y se echó sobre su cuello, y le besó; y lloraron” (Gen 33:4)
Y es aquí donde viene la explicación de lo que hablamos anteriormente. Leamos el siguiente versículo
“Y dijo Jacob: No, yo te ruego; si he hallado ahora gracia en tus ojos, acepta mi presente, porque he visto tu rostro, como si hubiera visto el rostro de Dios, pues que con tanto favor me has recibido” (Gen 33:10)
¿Cuando Jacob vio el rostro de su hermano, como si fuese el rostro de Dios? En Peniel
“Y llamó Jacob el nombre de aquel lugar, Peniel; porque dijo: Vi a Dios cara a cara, y fue librada mi alma. (Gen 32:30)
Pero como explicamos este versículo con este otro
“Nadie ha visto jamás a Dios” (1Jn 4:12)
Lo que sucedió fue esto. Jacob fue elevado a una posición espiritual. Al someter su voluntad a la voluntad de Dios, se elevo a la dimensión espiritual. Y en el rostro del ángel vio a su hermano. Comenzó a moverse en el mundo espiritual, donde no hay tiempo y espacio. Jacob ya había estado antes con su hermano. Fue en la dimensión espiritual, en la dimensión de la fe donde no existe tiempo y espacio. Ahi lo vió, en el rostro del ángel y fue librada su carga. Supo que no iba a morir, porque Dios había cambiado las circunstancias. Cuando Jacob vio a su hermano, se recordo de la noche anterior y dijo, “…esta sucediendo lo mismo que vi anoche. Lo que vi en el mundo espiritual esta sucediendo en el mundo real”
Esto nos queda mucho mas claro en el caso de Pedro. De las misma forma que Jacob, Pedro tenía una naturaleza de inconstante, de caña. Sin embargo, luego de la revelación de Jesucristo que tuvo Pedro, Jesús le declara
“Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos.”
(Mat 16:17-19)
Sucede lo mismo que con Jacob. Luego de que Dios le cambia el nombre, es decir su naturaleza, tiene el mismo resultado. Este es el tener la llave de los cielos, moverse en una naturaleza espiritual. De activar lo espiritual en el mundo terrenal. Jacob vió a su hermano primero en el mundo espiritual, como el rostro de Dios, y luego lo vió en el mundo terrenal.
En conclusión, la nueva naturaleza es que nos movemos en una nueva dimensión. La dimensión del Espíritu, donde todas las cosas las conquistamos en el mundo espiritual, a través de la fe, y luego las activamos en nuestro mundo terrenal, aunque todas las circunstancias nos digan lo contrario